Actualidad:
Zona austral de Chile
La Zona austral de Chile, es una de las cinco regiones naturales en que está dividido el territorio de Chile. Esta zona abarca las Regiones de Aysén, Magallanes y la Antártica Chilena. Se diferencia del resto del territorio por la ausencia de la planicie costera, y solo se aprecian algunos rastros de la depresión intermedia que es común en el resto del país.

Mapa de las regiones naturales de Chile.
By Janitoalevic [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)%5D, vía Wikimedia Commons.
En esta parte de la geografía chilena predominan los climas fríos y lluviosos, y el cielo esta permanente nublado. Esto debido al choque de aire frío de la Antártica y aire cálido de la zona templada. Es la zona menos habitada del país con apenas 242320 habitantes aproximadamente y tiene una superficie de 219914 km² sin incluir la región Antártica. Sus principales ciudades son: Coyhaique, Puerto Aysén, Chaitén, Puerto Natales, Puerto Williams y Punta Arenas. Gran parte del recorrido por esta zona debe hacerse en barco o por vía aérea, ya que se trata de un territorio muy fraccionado entre islas y canales.

Polenta, M. (2018). Mapa Zona Austral. [800×1185.jpg].
Hábitat:
Territorio fueguino
El territorio austral de Chile puede dividirse en dos grandes áreas geográficas con características bastante diferenciadas. Por un lado está el húmedo mundo de los archipiélagos y canales que se extiende desde la isla de Chiloé hasta el Cabo de Hornos; una tierra inhóspita cubierta de espesas selvas y cuyas precipitaciones puede llegar a superar en algunos casos los 5000 mm anuales. Ese territorio estuvo habitado por pequeñas bandas de cazadores-recolectores que deambulaban en canoas por los canales en busca de alimento, básicamente sustentado por la caza de lobos marinos, aves, peces y mariscos.
En la región del Estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego el paisaje cambia abruptamente para dar paso a extensas llanuras de coirón y gramíneas, hábitat de camélidos como el guanaco, pequeños roedores y ñandúes. En este mundo de inmensas planicies habitaban pueblos de gran estatura y contextura robusta, organizados en bandas de cazadores-recolectores sobre la base de grupos de parentesco sanguíneo.
Tanto cazadores terrestres como canoeros marítimos, se vieron afectados a partir de la segunda mitad del siglo XIX, por una rápida extinción, causada por la acción directa e indirecta de la colonización moderna de estas tierras, siendo desplazados de sus territorios originales o mueren a causa de enfermedades contagiosas portadas por europeos y desconocidas en América. Pueblos originarios zona austral de chile

Pueblos originarios-de-chile-zona-sur. By Monica Sanchez. Vía LinkedIn Corporation © 2018
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Cazadores Terrestres
Los cazadores terrestres ocuparon la estepa patagónica meridional y las áreas norte y sur oriental de la isla de Tierra del Fuego. Estos grupos nómadas se sucedieron aproximadamente durante 11.000 años, hasta constituir en siglos históricos dos etnias independientes.
La etnia Tehuelche meridional, denominada por su propia gente como Aónikenk, asentada en la pampa continental, aproximadamente entre el río Santa Cruz en Argentina y el Estrecho de Magallanes. Cazadores de guanacos y ñandúes, la introducción del caballo a fines del siglo XVII transformó su estilo de vida, dotándolos de gran movilidad y de nuevas técnicas de caza. La fundación del Fuerte Bulnes en 1843 a las orillas del Estrecho de Magallanes, el contacto con exploradores europeos y la expansión de la ganadería ovina en el último cuarto del siglo XIX, alteraron su modo de vida y terminaron por hacerlos desaparecer del territorio chileno.
Y en las planicies de la Tierra del Fuego habitaban los Onas o Selk’nam, pueblo de cazadores-recolectores pedestres de enorme riqueza ritual y cultural, pero que tuvo un trágico final al ser exterminado por los colonos que se instalaron en la isla a fines del siglo XIX, en el período de auge de las grandes estancias ovejeras.

Caza de guanacos y ñandúes, hacia 1870. George Chaworth. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70873.html.
Pueblo Aónikenk
Jefe mulato con otros dos aónikenk, hacia 1910. Mateo Martinic B. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70872.html.
Desde hace miles de años las estepas patagónicas estaban habitadas por el pueblo Aónikenk, la rama más austral del grupo lingüístico y cultural Tehuelche. Los Aónikenk son reconocidos como una de las etnias más altas del mundo, llegando a medir hasta 2 metros. Su territorio natural se extendía entre el Estrecho de Magallanes y el río Santa Cruz, el que recorrían cazando animales y recolectando el alimento que les proporcionaba la vegetación de la pampa.
Las expediciones españolas a la región del Estrecho de Magallanes establecieron tempranamente contacto con los Aónikenk, denominados patagones por los europeos debido a su gran tamaño. Con el tiempo, el contacto sería cada vez más usual y los indígenas entablaron relaciones amistosas con los navegantes que cruzaban el estrecho. El contacto con los europeos no sería el único factor de cambio para la cultura Aónikenk, puesto que a fines del siglo XVII la expansión mapuche hacia las pampas no tardó en hacerse sentir. Más allá de sangrientos conflictos interétnicos, la influencia del pueblo mapuche fue fundamental por cuanto introdujo el caballo, elemento de transporte que revolucionó el modo de vida Aónikenk. La utilización del caballo facilitó el transporte entre los territorios de caza y determinó el reemplazo del tradicional arco y flechas por las boleadoras, en cuyo uso los Aónikenk llegaron a ser expertos.
La fundación del Fuerte Bulnes en 1843 marcó el comienzo de la declinación del pueblo Aónikenk. Acostumbrados al intercambio con navegantes europeos en el Estrecho de Magallanes, el contacto con la población chilena sin embargo fue un factor de desestructuración social, por cuanto masificó el consumo de alcohol en la población indígena. La introducción de la ganadería ovina en 1876 y la posterior instalación de grandes estancias ovejeras arrinconaron a los Aónikenk a lugares cada vez más apartados. Los intentos por reducirlos a reservas nada pudieron contra el inveterado nomadismo Aónikenk y la rapacidad de los grandes empresarios ovejeros que acabaron por despojarlos de todo su territorio.
Lengua:
El Aonikaish, lengua de los Aónikenk, está emparentada con el idioma Selk’nam, ya que ambos pertenecerían al tronco lingüístico Tshon, distinto del indoamericano que agrupa al resto de los cazadores-recolectores de Sudamérica.
El Aonikaish, está compuesto por, aproximadamente, 25 sonidos básicos, de los cuales seis son similares a las cinco vocales españolas, más una de sonido similar a la ö, en alemán.
Principales actividades:
La actividad principal es la caza del guanaco y ñandú. De ellos toman la carne, grasa y vísceras para alimento. Aprovechaban la grasa para untarla en su cuerpo en épocas de invierno y también las pieles que usaban para cubrirse y montar sus viviendas. Cazaron pumas, zorros y aves pequeñas. La dieta alimenticia se completaba con raíces, semillas, frutos silvestres y mariscos, cuando estaban cerca de la costa.
Con un detallado conocimiento del territorio, frecuentaban sitios en donde se concentraba la caza y establecían periódicamente sus campamentos (aike) en aquellos lugares.
Organización social:
Se organizaban socialmente en tribus, conformadas por varias familias emparentadas entre sí. Dirigidas por un jefe o cacique encargado de guiar y organizar las cacerías, los frecuentes traslados del campamento, y mediaba en los conflictos internos.
En caso de guerra con otras etnias, como los Puelches y los Mapuche, los caciques se unían y planeaban en asambleas las estrategias a seguir.
Los Aónikenk, además de ser una de las etnias más altas del mundo, eran longevos, a pesar de las extremadas condiciones climáticas.
Vivienda:
La vivienda era un toldo llamado Kau, formado por una hilera de palos colocados paralelamente y sobre esto se cubría con una gran capa confeccionada con cueros de guanaco cosidos.
Alimentación:
Su alimento consistía en el consumo de carne de guanaco, pumas, zorros; aves como ñandú, caiquenes, patos, flamencos y cisnes; también de mariscos, raíces, semillas y frutos silvestres.
Vestimenta:
Su vestimenta era el Kai, una capa de guanaco, la usaban con el pelo hacia adentro y con diseños geométricos en su otra cara. Vestían una pieza de cuero que cubría el vientre hasta los muslos, en la cabeza usaban una especie de cintillo. Para cubrir sus pies utilizaban unos cueros que hacía las veces de calzado. Además, se pintaban el rostro y cuerpo con una mezcla de médula de hueso o grasa de guanaco. Las mujeres también vestían una capa y una prenda de tapabarros. No usaban cueros en los pies como los hombres. Cabe señalar que andaban desnudos en los meses de calor.
Creencias:
Tenían creencias religiosas sencillas, veneraban al omnipotente dios llamado Kóoch. En su mundo actuaban espíritus buenos causantes de alegrías y espíritus malos que provocaban daños y enfermedades. Creían en una vida después de la muerte, y lo manifestaban enterrando a sus difuntos acompañados de armas, utensilios y adornos, en tumbas o cuevas que después cubrían con tierra o piedras.
Cada etapa en la vida de los Aónikenk, se iniciaba con un ceremonial específico.
Manifestaciones artísticas:
Una de las manifestaciones que mejor expresan lo que fuera la variedad y riqueza de la vida espiritual de los aónikenk es el sentido que lograron desarrollar respecto del arte, en especial de la ornamentación.
Los aónikenk fueron artistas decoradores natos que supieron administrar y enriquecer su herencia manifestada en la gran pintura rupestre y en los aportes de otros pueblos con los que mantenían contacto. El sentido de su arte ornamental se manifiesta tanto en la sencillez como en la armonía de conjunto de sus diseños y en el empleo de una limitada gama de colores que supieron combinar con talento, consiguiendo resultados de notable belleza.
En su arte, se puede destacar:
-Pintura rupestre:
Los antepasados de los aónikenk les legaron un rico patrimonio en laderas de los cerros, cuevas y farellones, donde dejaron grabadas las concepciones de un mundo preterito.
El arte rupestre de la Patagonia, cuya expresión más rica y conocida es la Cueva de las Manos en el norte de Santa Cruz, se caracteriza por el predominio de manos, contorneadas de pintura, o estampadas. Este estilo de manos resulta ser el mas antiguo (10.000 años). En la misma región de la Patagonia Centro-Sur, caracterizada por la proliferación de las manos, se puede observar el desarrollo del estilo de escenas con predominio de figuras de guanacos, realistas primero y después crecientemente deformadas. En menor grado se encuentran representaciones de avestruces y otras especies animales.
En relación probable con el desarrollo de la cultura que desembocaría en la de los tehuelches historicos, floreció en tiempos posteriores (inicios de la era cristiana) un tercer estilo de grabados, esta vez elaborados con preferencia en farallones rocosos (bardas) y de difusión en toda la Patagonia, conocido como estilo de pisada, pues ilustra motivos que representan o imitan rastros de animales y humanos junto a motivos geométricos. Algunos de estos motivos, tipo laberinto, tienen relación con la idea central del mas allá, es decir, del bien, del mal y de la vida más allá de la muerte.
-Música:
Los aónikenk fueron un pueblo que tuvo una especial sensibilidad por la música, manifestada especialmente en el canto. Fuera como expresión de alegría, tristeza u otra situación que los afectara colectivamente o personalmente, el canto siempre estaba presente. También los cantos eran a causa de agradecimientos o de bienvenida, con fines propiciatorios o para conjurar amenazas y males. En tiempos más antiguos los ancianos cantaban las leyendas tribales, del mismo modo que canciones totémicas.
Su sentido musical se manifestó de distintas maneras. Demostraban especial interés por tocar la corneta y el acordeón, y les agradaba de manera particular escuchar las cajitas de música que solían presentarles viajeros y colonos. El tocar su instrumento llamado koolo era lo que les provocaba mayor placer, obteniendo de él una extraña y dulce melodía llena de sugestiones.
El koolo era un instrumento formado por el arco y su complemento de hueso que se deslizaba sobre la cuerda de crines. Era prácticamente el único instrumento propio, ya que el tamboril y el sonajero, se empleaban en dar ritmo a los pasos de baile con sus sonidos secos y amelódicos. El hueso también era soplado, sirviendo como instrumento de viento, lo que explicaría los agujeros practicados en algunos, a manera de una flauta.
-Cueros:
El cuero era la materia prima más usada por los aónikenk en sus trabajos artesanales y vestimenta.
Se empleaban toda clase de pieles: guanaco, puma, zorros, gato montés y de pampa, zorrino, caballo, vacuno e inclusive, para algunos efectos, el cuero del avestruz.
La pieza más conocida fabricada con este material era el kai o quillango, cuya importancia en el vestido y como producto de comercio justifica una descripción detallada en lo que se refiere a su confección. Su uso era con la piel hacia el interior, y el cuero con pinturas decorativas hacia el exterior.
También fabricaban recipientes hechos de cuero de guanaco en los que llevaban grasa. Empleaban vejigas de animales y bolsas de cuero.
-Metales:
Los aónikenk conocieron los metales en contacto con el conquistador europeo, a pesar de ser una técnica ajena fueron diestros en la elaboración de todo tipo de artesanías y utensilios de uso corriente en la vida de la comunidad. Pasaron casi tres siglos hasta que aprendieron a emplearlos como materia prima, moldeándolos por sí mismos para hacer con ellos sus propias creaciones.
Dominaron la técnica de martillar, moldear, perforar, desgastar y cortar; empleando en parte sus herramientas tradicionales y en parte las de origen extraño. Utilizaban como materiales trozos de hierro, latón, cobre o bronce que obtenían por trueque con los navegantes o con la recién establecida colonia chilena del estrecho de Magallanes o que recogían de los naufragios de la costa.
En el siglo XIX eran famosos por su destreza en la fabricación de variados objetos, entre ellos: botones, grandes y pequeños, cuadrados y redondos; campánulas, discos y piezas laminares; tupus y aros de variadas formas, trabajados en bronce, cobre, plata, algunos de ellos de increíble maestría.
El trabajo artesanal del metal no solo lo realizaban los varones, también las mujeres trabajaban la plata, adornos y broches entre otros objetos.
-Pinturas corporales:
Los Aónikenk pintaban sus cuerpos por razones estéticas y prácticas, como por ejemplo para protegerse del frío. Así, el rostro se resguardaba del viento helado de la zona austral, con pintura roja y negra.
La pintura era una mezcla de médula de hueso o grasa de guanaco, la que al cocinarse se convertía en materia gelatinosa. A esta sustancia se le agregaban tinturas naturales.
El rojo se obtenía al agregar ocre a la cocción y para obtener el blanco se usaba arcilla feldespática.
Las mujeres, en un sentido más estético, se pintaban la cara con zumo de calafate. Este es el fruto oscuro de un arbusto que tiñe de un azul intenso.
-Utensilios:
Elaboraban baldes hechos de corteza. Además de cuchillos, raederas y raspadores, todos ellos de distinta clase. Tenían instrumentos para moler como yunkes y morteros; pulidoras, escamadoras, cepillos, martillos y perforadores; poseían conjuntamente para la caza arcos, flechas, boleadoras y lanzas.
Pueblo Selk’nam

Lucha entre onas, hacia 1910. Carlos R. Gallardo. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70858.html.
Los Selk’nam eran un pueblo nómade, que mantenía una economía de subsistencia basada en la caza terrestre, principalmente aves, que se complementaba con la recolección de frutos, hongos y raíces silvestres; junto con algunos productos marinos.
Los Selk’nam estarían emparentados con los Aónikenk del sur a través de un tronco común, del cual los primeros se habrían separado ocupando la Tierra del Fuego.
Selk’nam es el nombre con que los habitantes nómades de Tierra del Fuego identificaban a su pueblo y cultura. Por ello hoy en día se privilegia esta denominación, ya que el nombre Ona otorgado por los yagan y luego popularizado desde la colonización del territorio austral, no emanó de la propia cultura Selk’nam.
La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los pueblos indígenas y los colonos europeos y chilenos, que adquirió ribetes de guerra de exterminio. Las grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada Selk’nam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el gobierno cedió la isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión, dotada de amplios recursos económicos. Los Selk’nam que sobrevivieron al genocidio fueron deportados a la isla, la que en un plazo de 20 años cerró dejando un cementerio poblado de cruces.
Lengua: selk’nam
El selk’nam pertenece a la familia chon que incluye también al idioma tehuelche y al idioma haush, este último es más cercano al selk’nam que el tehuelche. El selk’nam-haush forma la rama austral de las lenguas chon, estas lenguas se hablaron en Tierra del Fuego y en las áreas de la Patagonia en torno al estrecho de Magallanes. Las relaciones de la familia chon con otras lenguas de América del Sur siguen siendo un problema abierto.
Principales actividades

Ona cazando, hacia 1910. Carlos R. Gallardo.Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70859.html.
Las actividades se basaban en la caza terrestre de zorros, curucos (especie de rata), aves y guanacos, siendo este último la presa más importante. También obtenían carne de ballenas varadas, reuniéndose junto a otras comunidades a compartir la abundancia de alimento. Estas actividades eran complementadas con la recolección de frutos, huevos, hongos y raíces silvestres; junto con algunos productos marinos.
Los hombres se encargaban de la caza, para ello utilizaban arcos de grandes dimensiones y lanzas, transportando las flechas en un carcaj (caja portátil) colgado a la espalda, también confeccionaban las armas y tomaban las decisiones importantes. En cambio, las mujeres estaban a cargo de las labores domésticas y del cuidado de los niños, además de transportar e instalar las viviendas, preparar las pieles y recolectar frutos y mariscos.
Organización social

Familia Ona, hacia 1910. Carlos R. Gallardo. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70861.html.
Se organizaban socialmente en familias extendidas que podían tener 3 o 4 generaciones por descendencia patrilineal y patrilocal (patriarcado, expresado en el establecimiento del matrimonio en el hogar del marido). Y ocupaban un territorio específico llamado haruwenh cuyos límites eran respetados usualmente por los vecinos.
Llamados Onas (hombres del norte) por sus vecinos Yámana, los Selk’nam estaban divididos en dos grandes grupos: las tribus de las planicies del norte de la Tierra del Fuego, cazadores de cururos y ñandúes, y las de la zona montañosa del sur de la isla. En el extremo sudoriental de Tierra del Fuego vivía otra etnia, los Haush, que presentaban numerosas similitudes culturales con los selk’nam.
En los Selk’nam era común el matrimonio monógamo, aunque un hombre podía tener dos mujeres. No se conocía un jerarca o cacique debido a su organización en familias. Sin embargo, existía un personaje frente al cual todos los selk’nam tenían respeto: el Kon que era el curandero o chamán. Su autoridad se basó en el poder que le reconocían todos los miembros de las familias. Ellos sanaban enfermos y se encargaban de los rituales.
Tipo de vivienda:
La vivienda llamada Kawi consistía en un toldo hecho con palos de madera enterrados en la tierra en forma de cono, el armazón era cubierto con trozos de piel cosidos.
Alimentación:
La alimentación consistía en el consumo de carne de guanaco, aves como caiquenes, patos silvestres, cisnes y flamencos; zorros, curucos, tucutucos y ballenas. También se alimentaban de huevos, mariscos, frutos, hongos y raíces silvestres.
Vestimenta:
La vestimenta que usaban era unos mocasines llamados jamni, cosidos con el pelo hacia afuera; una capa llamada K-oli que les cubría desde el cuello a la rodilla siendo confeccionada con pieles de guanaco y en ocasiones con piel de zorro o curuco. Los hombres la llevaban suelta y las mujeres la sujetaban con tendones por los hombros.
Los cazadores usaban en la cabeza un adorno triangular llamado Koschel, hecho de piel de guanaco, al cual se le atribuía poderes mágicos.
Los Selk’nam se esmeraban en su presentación personal. Cualquier oportunidad era buena para pintarse el cuerpo y el rostro. Los adornos más usados entre mujeres y niñas eran los collares de conchas de moluscos y de huesos de ave.
En la vida diaria los hombres no llevaban adornos y sólo en escasas ocasiones alguno de ellos usaba una diadema de plumas, lo que constituía un privilegio e indicaba que estaba cumpliendo un rol especial, generalmente durante una ceremonia.
Creencias:
Su religión era monoteísta. Creían en un dios al cual llamaban Temáukel, y existía un mundo después de la vida ubicado más allá del horizonte detrás de las estrellas.
Sus rituales estaban llenos de misticismo, utilizando sombreros cónicos y pintándose el cuerpo desnudo.
Uno de los rituales es la ceremonia del Hain que estaba dedicada a la iniciación de los jóvenes varones (Kloketen) en la vida social adulta. Aparecían hombres representando a espíritus que asustaban a las mujeres para mantenerlas sumisas.
Manifestaciones artísticas:
-Música:
A los Selk’nam se les conocen manifestaciones musicales simples basadas sólo en voces con melodías y ritmos sencillos con algunos bailes, como la danza de la serpiente, el ritual del círculo de hombres, entre otros.
-Pintura corporal:
Pintaban sus cuerpos con atractivos diseños, tanto en su existencia rutinaria como en su aspecto mágico y ritual; de esta última la ceremonia del Hain es sin duda el aspecto más difundido de la vida cultural, correspondiendo al ritual de iniciación de los jóvenes al convertirse en klóketen o iniciados. Aquí aparecen los cuerpos pintados tanto de los klóketen y de representaciones de espíritus como los Schoortes.
-Utensilios:
Entre los utensilios domésticos destacan los canastos producidos por las mujeres, elaborados con juncos y una técnica de trenzado en espiral.
Se confeccionaban bolsas de cuero de zorro o lobo marino para el transporte de agua, y otras más pequeñas para transportar utensilios personales durante los viajes; además los cazadores llevaban en ellas piedras de chispa y hongos secos para hacer fuego, y plumas para las flechas, tendones de guanaco y otros instrumentos.
El Taha’l era una cuna diseñada para transportar y depositar a los hijos pequeños. Se construía con madera de roble y se cubría con piel de guanaco. Tenía forma de escalera plana y se asemeja a la cuna usada por los Aónikenk. Sobre la escalera, elaborada con dos varas de alrededor de un metro y 12 a 15 palitos perpendiculares espaciados entre sí, se disponían pieles delicadas y bien curtidas de chulengo, guanaco joven, que permitían formar un colchón mullido y protegido para el lactante.
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Cazadores marítimos

Kawéskar cazando lobos marinos. Alvaro Barros, Eduardo Armstrong. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70881.html
Los grupos canoeros nómades, eran pescadores, mariscadores y cazadores marinos, cuya antigüedad en la región se remonta a 6.000 años. Estos pueblos de los canales australes estaban divididos en tres grandes grupos étnico-lingüísticos: los Chonos, que habitaban las islas situadas entre el archipiélago de Chiloé y la península de Taitao, los Alakaluf o Kawéskar, entre el Golfo de Penas y el Estrecho de Magallanes y los Yámanas o Yaganas, habitantes de las islas al sur de la Tierra del Fuego. Con una organización social sencilla, sobrevivieron por cientos -quizás miles- de años en un medio ambiente de extrema rudeza. Sin embargo, el contacto con el mundo occidental alteró radicalmente su estilo de vida llevándolos a su extinción como pueblos. Los Chonos desaparecieron en el siglo XVIII, mezclados con los chilotes y sus vecinos más australes, los Kawéskar. Estos últimos sobrevivieron hasta principios del siglo XX, entablando esporádicos contactos con misioneros jesuitas y navegantes ingleses y franceses. El establecimiento de rutas regulares entre Punta Arenas y el centro de Chile y la llegada de loberos chilotes a la zona, desestructuró completamente su estilo de vida. Los Yámanas sufrieron una suerte parecida, y, el temprano establecimiento de una misión anglicana en la región, aceleró el proceso de aculturación.
Pueblo Chono:

Chonos. By Patrimonio Chileno. Disponible en https://patrimoniochileno.cl/los-chonos/
Entre el archipiélago de Chiloé y la península de Taitao deambulaban, a la llegada de los españoles, bandas de cazadores-recolectores que fueron denominados genéricamente, Chonos. Organizados en pequeños grupos, viajaban sobre canoas de tablas cosidas llamadas dalcas, dedicándose a la caza de lobos marinos, peces y aves, así como a la recolección de mariscos, labor que realizaban las mujeres. Tuvieron contactos culturales con sus vecinos huilliches de la isla grande de Chiloé e incluso, en la zona sur de la isla se mezclaron con éstos formando un grupo mestizo que los huilliches denominaban payos.
Tras la conquista española de Chiloé y el establecimiento del sistema de encomiendas en la isla en 1567, los Chonos establecieron vínculos más permanentes con la población chilota. Tras repetidos viajes de misioneros jesuitas a los archipiélagos de las Guaiytecas y Chonos para evangelizar a los indios, un grupo de Chonos se estableció en 1710 en la isla Guar, a la entrada del canal de Chacao. Los jesuitas instalaron allí una misión, cuya corta existencia no fue obstáculo para el progresivo mestizaje y aculturación de un pueblo que, ya hacia fines del siglo XVIII, había desaparecido como tal, y se había mezclado con el común de la población chilota.Los CHonos
Lengua: el chono
La lengua de los Chonos permanece desconocida. Algunos estudiosos han atribuido de origen chono a topónimos que existen en Chiloé, entre los cuales figuran aquellos terminados en -ec (-ek), -ac (-ak), como: islas Laitec, Chaulinec, Quenac, Cahuac, Isquiliac; costas de Ichoac, Auchac, etc. La lengua de los chonos se extinguió hace ya mucho tiempo.
Principales actividades:
Se dedicaban fundamentalmente a la pesca, a la caza de lobos marinos y algunos cetáceos menores, y a la recolección de mariscos. Se desplazaban en canoas fabricadas de tres tablas, conocidas con el nombre de «dalcas», éstas podían llevar aproximadamente hasta 20 personas. Además, estacionalmente recolectaban bayas y algunos tallos y tubérculos comestibles.
Los hombres tenían como labor la cacería y la pesca. También confeccionaban las dalcas y las herramientas: anzuelos, hachas y arpones, empleando madera, huesos piedras, conchas y fibras vegetales. Además mantenían encendido el fuego en las dalcas.
Las mujeres recolectaban moluscos y crustáceos, labor que hacían sumergiéndose y nadando bajo las heladas aguas. También, en tierra firme, estaban a cargo del levantamiento y desarme de sus toldos.
Organización social:
Este pueblo constituyó bandas, pequeñas unidades familiares, de tres o cuatro personas, que se desplazaban de norte a sur en este extenso territorio, en un nomadismo estacional y alimentario.
Refugio:
La choza consistía en un toldo construido con varillas de madera cuyos extremos se enterraban y los de la parte superior eran amarrados. Luego cubrían este envarillado con ramas, hojas y finalmente cueros de lobos marinos.
Alimentación:
Se alimentaban de lobos marinos, peces, mariscos, aves y sus huevos, nutrias, coipos y en ocasiones de alguna ballena que varaba en la costa. Además, recolectaban bayas, frutos silvestres, algunos tallos y tubérculos comestibles.
Cocinaban sus alimento en forma rudimentaria en cortezas de madera con piedras calientes hasta que mejoraron la técnica desarrollando el curanto como una manera más efectiva de cocinar grandes cantidades de mariscos y otros alimentos de una vez, aprovechando el vapor generado por esta suerte de olla vegetal, activada por piedras calientes.
Vestimenta:
La vestimenta era reducida, vestían con capas de lana de guanaco que les tapaba sólo los hombros y parte de la espalda y en ocasiones era complementada con un taparrabo de fibras de corteza.
Creencias:
Se sabe muy poco, solo se conocen los lugares donde enterraban a sus muertos. Los dejaban en aleros rocosos o cavernas y los tapaban con ramas.
Manifestaciones artísticas
Fabricaron objetos y utensilios que empleaban. La dalca (canoa), anzuelos de madera, redes de pesca de fibra vegetal, cuñas, azuelas (hacha pequeña), lanzas, macanas y puñales de hueso.
Pueblo Kawéskar:

The earth and its inhabitants (1882) (14591030248).jpg. No restrictions. Vía Wikimedia Commons.
Entre la península de Taitao y el Estrecho de Magallanes, por los canales y fiordos en que se quiebra el paisaje austral, vivían los Kawéskar -mal llamados alacalufes por muchos estudiosos-, siempre arriba de su hallef (canoa), recorriendo lugares donde hubiera abundancia de mariscos o donde se pudiera cazar lobos marinos o huemules.
La cultura Kawéskar poco pudo hacer frente al contacto con las tripulaciones de los barcos y los chilotes que se aventuraban por los canales australes para cazar lobos marinos. El establecimiento de un puesto naval en Puerto Edén -en la isla Wellington- a fines de los años treinta aceleró más aún la desintegración social producto de las enfermedades y la progresiva aculturación. Radicados en Puerto Edén viven hoy los descendientes de los Kawéskar.
Lengua:
Los Kawésqar, al igual que la mayoría de los indígenas de Chile, eran bilingües, ya que para comunicarse con la cultura dominante debían aprender el castellano como segunda lengua. Así, la lengua Kawésqar era utilizada sólo en las actividades internas de la comunidad, mientras que el español lo hablaban en todas las actividades externas en las que se encontraba un colono.
Los adultos hablan el español en menor medida que los más jóvenes, debido a su educación escolar, lo que trae como contrapartida el olvido gradual de su lengua originaria. Al cambiar su forma de vida y costumbres, de nómades marinos a sedentarios, la lengua kawésqar se ve afectada porque ya no se usan expresiones ligadas a la caza y pesca, actividades tradicionales de su cultura original.
Principales actividades:
Desarrollaban diversas actividades, la pesca, la recolección de mariscos, la caza y la fabricación de utensilios.
El hombre efectuaba la pesca, la caza y la confección de herramientas y utensilios; también se encargaba de encender el fuego y construir el hallef que era una canoa de madera. La mujer estaba a cargo de armar y desarmar el refugio cuando estaba en tierra firme, recolectar mariscos, pescar en corrales, tejer cestas, limpiar pieles de animales, remar en la canoa, cuidar los hijos y vigilar el fuego. Los niños recolectaban leña y mariscos, además de cazar aves pequeñas, y mantener el fuego encendido en las canoas.
Organización social:

Mujer kawéskar con su nieta, hacia 1945. Joseph Emperaire. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70845.html
La estructura social era muy precaria formada por el padre, la madre y los hijos, la relativa autonomía favorecía el desarrollo de su elemental economía de subsistencia. Agrupados en pequeñas bandas, éstas sólo se reunían con ocasión de una ballena varada o de alguna caza excepcionalmente abundante.
Refugio:
Los campamentos que instalaban en lugares abrigados de la costa eran precarios, compuestos de chozas de armazón de ramas cubiertas de cuero de lobo.
Alimentación:
La alimentación consistía en carne de ballena, huillín, foca, coipo, huemul, chungungo, diversas aves, peces, delfines y mariscos.
Vestimenta:
La vestimenta de hombres y mujeres eran capas de cuero que les llegan hasta las nalgas de modo que al agacharse todo el cuerpo queda protegido. La piel puede ser de lobo, nutria, coipo o aves marinas. Un corbatín de cuero la sostiene por el cuello, pudiendo girar libremente en cualquier momento en el sentido de donde venga el viento.
Igualmente fabricaban una pasta con tierras de color y aceite de foca que eran guardadas en vejigas secas. Con esta pasta ornamentan todo el cuerpo usando blanco, bermellón y negro.
Los varones se colocan frecuentemente un bonete de alas de gaviota que ciñe el revuelto cabello. Brazaletes y collares de conchas o de huesitos pulidos unidos por hilos de tripas, son usados por hombres y mujeres.
Creencias:
La explicación y visión del mundo kawésqar, está basada en un conjunto de seres malignos que poblaban su tierra. Estos seres son un reflejo de las duras condiciones climáticas y telúricas en las que vivían.
Ayayema. Es un ser temible. Domina las fuerzas naturales y al hombre. El fuerte viento del noroeste, que da vuelta las embarcaciones y el fuego de las viviendas, eran vistos como manifestaciones de este ser maligno.
Kawtcho. Es el espíritu rondador de la noche. Es descrito como un hombre bajo, que de día camina por debajo de la tierra, y por la noche emerge desde las orillas de las aguas, anunciado por el ladrido de los perros.
Mwono. Habita en los glaciares y las cimas de las montañas. Es el espíritu del ruido, que se manifiesta en las avalanchas de fiordos y glaciares.
Creen en los espíritus, en un ser supremo llamado Chólass el ser creador de la tierra y la vida.
La muerte no pasa de ser un fenómeno natural. Los funerales son solemnes y afecta a toda la comunidad.
Efectuaban ritos como el Kalakai, donde los jóvenes aprendían técnicas de sobrevivencia, uso de materiales y fabricación de objetos. Terminaba con una fiesta a la que los jóvenes asistían con sus cuerpos pintados.
Manifestaciones artísticas:
Las manifestaciones están restringidas a la vida nómade, por lo cual están constituidas por adornos, objetos utilitarios, sus peculiares cantos y danzas.
El canto como la danza ocupaba un lugar preponderante como medio de comunicación en el cual participaban activamente los miembros de la congregación ritual con un variado repertorio poético-musical propio de cada rito específico. Entonaban canciones lentas y a media voz, referidas a su medio ambiente inmediato, además eran muy simples como “La ballena ha pescado peces, se hunde en el agua con la cola levantada” o “El huemul sobre la montaña, a lo lejos vigila los alrededores y come”.
Como resultado del dramático cambio cultural, desintegración y disminución numérica del grupo étnico, se ha producido un debilitamiento generalizado de las expresiones musicales tradicionales.
Pueblo Yámana:

Indígenas yaganes en Cabo de Hornos, 1883. Archivo General de la Nación Argentina. Vía Wikimedia Commons.
Los yámanas fueron el pueblo más austral del mundo. Cazadores-recolectores marítimos, pasaban gran parte de su vida arriba de su anan (canoa de corteza de árboles) o en pequeños y precarios campamentos de chozas de pieles y armazón de palos a orillas del mar. El hábitat de los yámana eran los canales ubicados al sur de la Tierra del Fuego, y tenían contactos culturales, no muy pacíficos, con los kawéskar y con los selk’nam. De hecho, no eran extrañas las incursiones Selk’nam a campamentos yámana para apoderarse de mujeres que les sirvieran para proveerse de productos marinos.
En las primeras décadas del siglo XIX los contactos con barcos europeos que utilizaban la ruta del Cabo de Hornos, se hicieron frecuentes. En 1830, la expedición de Fitz-Roy se llevó a cuatro jóvenes Yámanas a Inglaterra, las cuales a su regreso un año después, no tardaron en volver a la vida nómade de sus antepasados. En 1849 se instaló una misión anglicana en la isla Picton a cargo del marino inglés Allen Gardiner, quien murió en extrañas circunstancias dos años después. Suerte parecida sufrió la misión que instaló el pastor Phillips en 1855, quién fue asesinado junto con sus acompañantes en 1859. La misión fue retomada en 1864 por Thomas Bridges, quien la trasladó a Ushuaia, en la costa sur de la Tierra del Fuego, en donde instaló una escuela y un hospital. Sin embargo, las epidemias redujeron drásticamente la población yámana y los sobrevivientes de la etnia se refugiaron en la isla Navarino, en un predio cedido por el gobierno chileno. Hoy sólo quedan unos pocos yámanas, fuertemente aculturados, de los cuales muy pocos conservan el idioma.Yaganes: vida
Lengua: Yámana
El Yagan o Yámana, la lengua más austral del mundo, fue hablada hasta fines del siglo XIX por un grupo de canoeros nómades extendido a lo largo de los archipiélagos y canales del confín mismo de América, entre la península de Brecknock y el Cabo de Hornos. Actualmente se encuentra en los momentos finales del proceso de extinción.
En el caserío de Ukika, Puerto Williams, Isla Navarino, vive Cristina Calderón, última hablante de esta lengua. No tiene con quién hablarla. No obstante su nieta Cristina se propone aprenderla para así preservar su cultura.
Principales actividades:

Familia yagán a bordo de una canoa. By T. Athol Joyce. Vía Wikimedia Commons.
Cazadores-recolectores marítimos, pasaban gran parte de su vida arriba de su ánan (canoa de corteza de árboles). Efectuaban la pesca, recolección de mariscos y algas, también en tierra firme cazaban mamíferos y aves. Dentro de los animales que cazaban se encontraban peces, moluscos, algas, erizos de mar, focas, pingüinos y ballenas.
Los hombres cazaban lobos marinos, pescaban, construían ánan (canoas) y ukurj (chozas), recolectaban leña, encendían fuego con piedras de cuarzo, plumas y musgo, y mantenían la fogata.
Las mujeres se encargaban de remar la canoa, nadar bajo el agua en busca de moluscos, algas y mariscos, tejer canastos de fibras vegetales, preparar las pieles de los animales cazados para usarlas como vestimentas y confeccionar lazos con las barbas de las ballenas. También buscaban agua para beber, la cual almacenaban en bolsas de cuero o vejigas de animales.
Organización social:

Mujeres yámanas. CC BY 2.0. Vía Wikimedia Commons.
Fueron un pueblo canoero, organizado en familias que constituían bandas que no tenían una organización jerárquica vertical importante. Eran dirigidos por el padre de familia y con roles asignados a cada integrante. Vivían tanto en sus canoas, consideradas el verdadero hogar, como en chozas en tierra. Estos grupos coexistían e interactuaban constituyendo partidas de caza que se desplazaban por los canales en busca de su alimento.
Refugio:
La choza llamada Ukurj, tenían forma cónica, construidas sobre una base de varas de madera enterradas en el suelo que se cubría con cueros de lobo marino, ramas y cortezas.
Armazón de cabaña familiar yámana, hacia 1920. Martin Gusinde. Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-70863.
Alimentación:
La alimentación consistió principalmente en el consumo de carne del lobo marino, foca, nutria, y la carne de ballena. Además, se incluía una gran variedad de especies marinas, entre las que destacan las cholgas, erizos, y algunos peces. Cuando acampaban, consumían complementariamente carne de guanaco y aves, así como hongos, bayas y huevos.
Vestimenta:
Por lo general no usaban casi ropa, soportando las bajas temperaturas gracias a la grasa de lobo marino con que cubrían sus cuerpos y a una resistencia al frío que se habían desarrollado de manera natural. Pero llegaron a vestir cueros de lobo marino o nutria sobre sus hombros, atados en el cuello y en la cintura, utilizando además, otro cuero con forma triangular que cubría sus genitales.
Las mujeres se pintaban el rostro con tres colores: blanco, alrededor de los ojos, y el resto de la cara con líneas horizontales rojas y negras.
Hombres y mujeres usaban brazaletes hechos con cuentas de huesos de aves y conchas unidos por tiras de nervios o tendones de ballena. Mientras los varones lo usaban sólo en los tobillos, ellas lo lucían tanto en las muñecas como en los tobillos.
Creencias:
La creación de todo lo existente se conocía como Watauiwineiwa. Esta entidad no era adorada, debido a que estaba en todas partes, y se manifestaba en cada cosa, lugar o ser.
Entre los yagan existieron, y fueron importantes los curanderos o chamanes. Llamados Yekamush, quienes podían sanar enfermos, curar desequilibrios emocionales, e invocar a los espíritus.
Creían en la existencia de espíritus llamados Yoalox, a los que se les atribuía la enseñanza del uso y fabricación de las armas y herramientas. Estas entidades originaban el mundo de lo sobrenatural y se manifestaban en hechos o fenómenos naturales. El espíritu Curpij, responsable del viento, la lluvia y la nieve.
Efectuaban ceremonias de etapas de crecimiento, una importante era el Chiejaus paso de la pubertad a la adultez que se efectuaba en una gran cabaña llamada marma.
Manifestaciones artísticas:
-Las canoas:
Eran fabricadas a partir de palos de madera, de tres largos pedazos de corteza y unidos con tendones o tiras de cuero de lobo. Las medidas promedio oscilaban entre los 5m a 6m de largo, y 1m de ancho, lo que admitía una capacidad para transportar entre seis a diez personas.
Los instrumentos utilizados en la fabricación de la canoa fueron cuñas y peladoras de hueso, cuchillos de piedra para cortar las maderas, entallar y darle las terminaciones.
-Tallado en hueso:
Usaron el tallado en hueso para fabricar sus armas de caza marina.
Entre sus armas e instrumentos de caza y pesca más utilizados estuvieron los arpones y las lanzas.
-Cestería:
Elaboraron cestos de fibras vegetales, siendo la forma más común el canasto redondo, de base estrecha y de boca ancha, con pequeñas asas en el borde.
-Pintura corporal:
Tanto hombres como mujeres se adornaban con pinturas, collares, muñequeras y tobilleras. Las pinturas podían cubrir el rostro, el cuerpo y a veces también los miembros.
Los colores que se usaban eran el rojo, el blanco y el negro, formando diseños simples basados en rayas y puntos, pero muy variados.
La pintura facial y corporal formaba parte de muchos rituales y normas de cortesía. Además se utilizaba para comunicar estados de ánimo o las circunstancias en las que se hallaba su portador.
Bibliografía
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